¿Cuál es el precio de un aplauso en este Gran Teatro?
¿Quién pone límite a esta selva de necrófagos hambrientos?
Que Mariluz se nos marchó
y en vez de dolor
tuvimos cuartetas.
Que Marta fue la solución
a la inspiración
de más de un poeta.
Y ustedes aplauden,
y ustedes consienten.
Aquí, al respetable,
le gusta la muerte.
Y después de la actuación
ya nadie se acuerda del muerto
y aplauden con gesto
de satisfacción.
Ya conté diez pasodobles
a los niños de Bretón
pero no vi diez autores
en la manifestación.
Eso es buscar sus aplausos
y es no tener corazón.
Cierren el Circo ¡Por Dios!
porque me embargan de pena
esos aplausos de Huelva
con las vísceras ajenas,
o que siga el mercadeo
si las masas tienen hambre
o que ruja el Coliseo
que en la arena huele a sangre.