jueves, 21 de junio de 2012

En horas bajas


Cuando se olvida el recuerdo
Y se recuerda el olvido
Y se navega en el mar de los sueños idos
Aparentando ser cuerdo
Tratando de desatar el nudo en la garganta
Y acomodar el remolino en el pecho
Y tu pegaso cabalga por el pasadizo estrecho
Donde la musa no canta
Cuando utopía y realidad no se ponen de acuerdo
Y parecen alejar el ideal perseguido
Y vuelve aquel melancólico latído
Y tu corcel avanza tan triste y tan lerdo
Como si el peso del hoy no aguanta
Levanta tu corazón maltrecho
Sin ponerle limites ni techo
Recuerda que por fé…
Hasta el muerto se levanta.
 (Julio Valencia, "El rincón del poeta")



Que nuestro carnaval no pasa por su mejor momento es algo que todos sabemos desde hace algún tiempo. La crisis que nos atiza de esta manera tan despiadada tiene parte de culpa, sin duda, pero no es la principal causa del decaimiento de nuestra fiesta.

Hay algo que vengo observando en el concurso de agrupaciones de Huelva después de haber visto tres ediciones completas ( y otras muchas esporádicamente) y es la caída en picado de la calidad de los grupos que se suben a las tablas.  Está claro que el que ha sido puntero antes, lo sigue siendo ahora. Eso es bueno y es malo. Pero ya no se escriben pasodobles como los de antes, faltan autores de antaño y no hay coplas que te dejen con la boca abierta y pegado a tu butaca escuchando un repertorio completo, salvo raras excepciones. Se han retirado autores, directores y componentes importantes del mundo carnavalero y sus huecos se han quedado completamente desiertos.

Los cuartetos prácticamente han desaparecido, sin que haya perspectiva de recuperación en la modalidad. Las murgas y chirigotas son cada vez más previsibles, las que quedan; sólo hay puntualmente algún que otro golpe bueno y siempre protagonizado por los mismos y en comparsas predominan la pluma sin complicaciones y usando como argumentos la aparatosidad y el piropo forzado. No sé si es una retirada puntual de las musas en los autores, condicionada por estos tiempos, que verdaderamente ellos mismos ya no viven el carnaval como hace alguna década o simplemente que no hay más de donde tirar.

El carnaval es ingenio, ironía, es algo más que el chiste fácil, es inspiración y llegar a donde otros no llegan. Es mucho más, es disfraz, baile y espectáculo. Y es ir hasta donde muchos han llegado y ahora nadie es capaz de hacerlo.

Por eso me gustaba tanto mi concurso, mi carnaval. Si yo no encuentro esto hoy en día, paren el tren, que me bajo en la próxima estación.